12 septiembre 2007

Como Los Niños


Hoy en día la mayoría de los escritores utilizan el ordenador como la herramienta más cómoda en su trabajo. Pegan, cortan, corrigen, modifican los márgenes....
Otros, prefieren aún la máquina de escribir, renuentes a abandonar el contacto y el olor del papel más el ¿poético? martilleo de las teclas. Yo aprendí con una de las antiguas. Grande, ruidosa. De esas en las que el dedo meñique mantenía una terca tendencia a meterse entre dos teclas y veías las estrellas sin falta de noches oscuras y despejadas. Sobre todo con los números que vivían en los extremos de la última hilera.
Los menos, hablan de la belleza del uso de la pluma, verdadero utensilio asociado a la profesión, y suspiran por esas cuartillas rellenas de palabras garabateadas, como si fueran manuscritos preciosos.
Luego esta la nena. Osease yo misma. La que escribió casi trescientas páginas de novela a lápiz. Como los niños: para poder borrar.

1 comentario:

Dédalus dijo...

Me he deslizado por la pantalla hasta aquí abajo y, para mi sorpresa, he visto que tus lápices de niños no tenían ningún comentario. No me gusta que queden así, sin que nadie visite estas entradas, a lo peor porque cuando los escribimos no nos leían ni los de casa...
Por eso estoy aquí, para dejar constancia de que me gustó leer que escribieras esas 300 hojas con lápices. Lo mismo yo hice (pero sin editar) con mi melancólica Montblanc (esa pluma favorita que llevo siempre encima), del mismo modo que, antes de enfrentarme a este teclado universal, me lié a maporrazos digitales, en mil días, contra una estupenda y usada Olivetti, a la que no tengo sino que agradecer que esculpiera letra a letra los miles de versos de mis adolescentes poemas.

Como aquí no baja ya nadie, te doy un fuerte abrazo. Especial, el de hoy, por lo que me has hecho recordar.
Y un beso.